Sábado 9 de julio. La temperatura en Santiago no superaba los 15 grados, pero el frío no fue suficiente para impedir el encuentro de 30 muralistas chilenas en la calle Ñuble 75, en la comuna de Ñuñoa.

Ese día se reunieron 30 mujeres de diferentes partes de Chile que se dedican al arte urbano. Entre ellas estaban Juanita Pérez, quien ha pintado en el Museo a Cielo Abierto de San Miguel, y La Loica, artista que recientemente participó en un programa de arte urbano en el Aeropuerto de Santiago. Además, participaron Eu, Shinita, Prii, Canela, Clover, Cole, Queen Street, Únika, Suyai, La Gorila, Fleur, Solitas, Lore, SMT, Cuba, Rainbow, Doll, Javi, Hop, Nhira, Flan, Cami Nada, Carito, Fluir, Pats, Trocas, Palta, Dr3yz, John e Ira-Sec.

El grupo se formó con un objetivo en común: pintar un muro temporal que ocupa toda una esquina y parte de una casa ubicada en Ñuble 75 para darle vida al lugar a través de la pintura y regalarle a los transeúntes una muestra de arte urbano en el espacio público.

Desde las 10 de la mañana hasta pasadas las 9 de la noche, la esquina de Ñuble con Vicuña Mackenna estuvo repleta. Eran artistas, ilustradores, hip-hoperos, vendedores, fotógrafos y transeúntes que pasaban por ahí a mirar el trabajo de estas 30 mujeres. Llenos de curiosidad, se acercaban a sacar fotos y preguntar qué hacían ahí.

 

Las 30 fueron invitadas por la página de Facebook Pintoras Callejeras, cuya impulsora es la tatuadora Camila Farías. Plataforma urbana hablo con ella y les contó un poco más acerca de esta iniciativa. Aquí, la entrevista:

¿Cuáles son las principales motivaciones de Pintoras Callejeras?

Pintoras Callejeras nace hace 3 años como una página de Facebook, con dos motivaciones principales. En primer lugar, dar visibilidad a la pintura callejera femenina, y en segundo lugar, constituirse como una plataforma de reunión para las mujeres pintoras. El primer encuentro se hizo el 8 de noviembre del año 2014, en Maipú.

¿Por qué ese interés particular por la pintura en la calle?

La calle es el espacio de vida comunitaria primordial, por ende es un espacio natural para la democratización del arte. Una de las virtudes de la pintura callejera es recuperar espacios, que de otra forma se pierden en el olvido o la mercantilización. Bajo este espíritu, el que sea elaborado por mujeres y en Chile, le da una connotación mucho más potente a la hora de leer el discurso, pues no es posible omitir el hecho de que en este país, como pasa de hecho en casi toda Latinoamérica, los espacios tanto privados como públicos en los más diversos aspectos son profundamente machistas y/o androcentristas, y la pintura no es excepción.

Además, la distancia entre el espectador y la pintora o pintor, desaparece, porque los canales de comunicación son abiertos y no pertenecen a un espacio privado, como lo que sucede en un museo por ejemplo.

¿Cómo se organizó el evento?

Todo fue absolutamente autogestionado, con aportes y ayuda de las redes de apoyo con las que contamos. Hicimos rifas, amigos y familiares nos ayudaron con algunas lucas (dinero)… todo desde la autogestión.

Lo mismo pasó con el lugar donde pintar. La gente aún es un poco reticente al tema de facilitar espacios para desarrollar este tipo de actividad, que por lo demás es masiva, entonces, después de mucho buscar lugar, un amigo (Alberto) que vive al lado del espacio donde se realizó el evento, nos ayudó a gestionar el lugar con el dueño (Hugo Ahumada).


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